Qué paguen mientras vivan
Hace algo más de un año que Augusto Pinochet, responsable de numerosas torturas y asesinatos, falleció en su casa, con todas las comodidades y sin haber sido condenado por sus crímenes.
En República Dominicana, los que confiamos en que se debe hacer justicia en determinadas barbaridades aún impunes, temblamos sólo de pensar que Luis José León Estévez, César y José Ángel Rodríguez Villeta, Cándido Torres y Victor Alicinio Peña Rivera también se mueran como si no hubieran torturado, matado y cometido tantas y tantas salvajadas.
Han sido denunciados por sus víctimas, sí, pero a estas se les ha tenido el poco respeto de llevar los trámites lo suficientemente lentos como para que el día que salga la sentencia no quede ya vivo ni el apuntador. ¿Una mano negra? Quizá.
No sé si somos tontos o qué nos pasa, pero nadie se da cuenta de que un tema tan grave está siendo llevado con total ligereza, sin mano de hierro. Ya que no van a ser torturados ni asesinados como ellos mil veces lo hicieron y sus crímenes ya han sido más que probados, al menos que se pudran lo antes posible en una de esas cárceles donde se lo pasaban tan bien mutilando a sus víctimas, aplicándoles descargas eléctricas y cosiéndoles los párpados. ¿O no nos acordamos porque tenemos memoria selectiva? ¡Es una maldita vergüenza!
A mí como ser humano me da muchísimo asco ir por la calle o entrar a un restaurante y encontrarme con estos sujetos departiendo tranquilamente con alguien, viviendo como reyes, forrados de plata y sin el menor gesto de vergüenza o arrepentimiento en sus rostros. Me dan ganas de vomitar.
Y digo que si esto me sucede a mí, que no me hicieron nada en mis propias carnes, qué no le ocurrirá, por poner un ejemplo, al Ing. Leandro Guzmán, salvajemente torturado en su día por esta pandilla de mequetrefes, destacando a Candito Torres y a algún otro de los asesinos de su esposa y cuñadas, las Hermanas Mirabal. No hay derecho a que este hombre tenga que ver sueltos y despreocupados a quienes le destrozaron la vida.
Ahora que hablamos de las Mirabal, ¿saben ustedes qué dice Candito Torres cuando se le recuerda el caso? Pone cara como quien oye llover y te suelta con toda su tranquilidad que eso ya prescribió, ¡cómo a quien le ponen una multa por aparcar mal! Con los ojos como platos, la primera vez que escuche este despropósito pensé que no sabía yo que los crímenes contra la humanidad prescribían.
Igualmente gracioso es el ex yerno de Trujillo, el sin par León Estévez. Este bueno para nada recién convertido a escritor (hay que caer bajo para escribir un libro en el "nombre" de Ramfis y poner cual cobarde un "todo lo hice yo, los demás quedan absueltos, con la libertad que me da la muerte he confesado"), alega que no piensa a hablar porque implicaría a muchas personas influyentes que aún viven. ¿A quién, Pechito? ¿Al Pato Donald? Venga, ahora nos cuentas otra que nos podamos creer.
Como colofón, no puedo cerrar esta página sin hacer referencia a aquel salvaje hoy afincado en Puerto Rico, Peña Rivera. Hace no mucho que vino a la República con toda su parsimonia y en lugar de ser apremiado por la calle y haber recibido una buena patada donde la espalda pierde su angelical nombre, nadie le dijo nada.
Me duele en el alma que estos sátrapas sigan en la calle y hasta que sean encarcelados (no me vale condenados, a los asesinos de las Mirabal no les sirvió de nada) pienso seguir jodiéndole la vida a todos los "valientes" que se la jodieron a otros por sus ideales durante la dictadura.


